“Papito: yo también soy tu responsabilidad”

“Papito: yo también soy tu responsabilidad”  Foto: iStock

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“Papito: yo también soy tu responsabilidad”

La semana pasada surgió una polémica sobre mi artículo que hasta machista resulté. El punto es que no puedo hablar de algo que no he vivido o no he tenido conocimiento de cerca, es decir, los casos que traté la semana pasada los conté porque son los que he tenido de primera mano (no diré exactamente quiénes son, para no balconear a mi familia y una amiga, jajaja), pero me preguntaban que porqué el título no era al revés, es decir, : “Papito, te divorciaste de mi mamita, no de nosotros”, ya que me decían que también hay casos en los que el padre se pone sus moños y le hace la vida de cuadritos a la madre, lo cual no dudo ni tantito, simplemente no conozco algo cercano para contarles. Prometo que cuando me entere de uno lo diré con pelos y señales.

Ahora bien, hoy quise retomar un poco el asunto y de ahí el título. Así que puedo contarles lo que he vivido justo esta semana y que tiene que ver (de cierta forma) con que el padre criticaba a la madre frente a sus hijos y ahora le salió el tiro por la culata. Les cuento. Como saben, hace exactamente tres semanas me operaron y desde ahí mi rutina y la de mis niños se ha visto trastocada porque tuvimos que “adoptar” a su papá nuevamente en la casa. Mi casi exmarido se la ha rifado en lavar la ropa de los niños, bañarlos, atender mi herida y estar al pendiente. Se ha hecho cargo de sus obligaciones para con sus hijos tal como si siguiéramos viviendo juntos.

El caso aquí es que en la época en la que efectivamente vivíamos juntos, no siempre fue así todo de color de rosa. Tengo muy presentes dos ocasiones. Ahí les va la primera. Imagínense este cuadro deprimente:

- Sábado, 10 AM, casa regada, una niña de 4 años demandante a más no poder, toda fodonga, sin peinar y casi casi con su moco de bombita

- Un bebé de cinco meses con un dolor de panza tremendo, calenturón de casi 40 grados y llorando a grito pelado que sólo se calmaba si lo traía cargando

- 25 llamadas perdidas al padre de las criaturas porque se había llevado el coche y el señor ni sus luces

- El crío en cuestión no comía nada, vomitaba y dormía sólo 10 minutos en mis brazos

- Por ahí de las 3 PM el señor se dignó a llamar y resulta que “no escuchaba su teléfono” (ajá, sí, cómo no)

¿Ya para qué me habló? Al mediodía llegó mi hermana al rescate y llevamos al bebé al médico. Una inyección y un poco de suero tomado después hicieron que medio se calmara el niño, pero seguía con la molestia. De regreso a casa sólo le di de comer a Gore y me dediqué a mi bebé. A eso de las 6 PM se aparece el papá en la casa, abre la puerta, ve el regadero, a la niña viendo la tele, a la mamá con el niño en brazos (¡por fin dormido!) y lo único que al hombre se le ocurre preguntar es: “¿¿¿NO HAS HECHO NADA???” ¡¡¡TOOOOOIIIINNNGGGGG!!! ¡¡¡Pues nooooo, es oooobvioooo que nooooo!!! Tengo a mi hijo súper enfermo, a la otra dando guerra, no se apareció para hacerse cargo de su propio hijo ¿¿¿y todavía pregunta???

Sobra decir que monté en cólera y le dije que no, no había hecho nada y así se iba a quedar, que si no le gustaba que tenía manos para hacerlo. Cabe mencionar que todos los anteriores sábados que el señor llegaba encontraba la casa impoluta, niños bañados, comidos, cambiados, ni un cojín fuera de lugar y la comida caliente esperándolo en la estufa (“Yo no sé qué haces en el día, si siempre está todo recogido”, pues justo eso: recojo todo, daaah). Todos esos sábados él nunca vio que sí estaba todo bien limpio y ordenado, él sólo notó el día que NO lo hice (y no por flojera, sino porque realmente mi hijo no me dejó hacer nada). Tampoco crean que era un chiquero, no, simplemente no llevé los trastes al fregadero, no escombré mi recámara ni abrí las cortinas, tampoco lavé los baños y no barrí. Lo normal de un quehacer, pues. ¡Ah, pero el señor creyó que había pasado un torbellino!

Los quehaceres domésticos

Esa fue la primera. La segunda fue poco antes de separarnos. Entre todos los problemas de pareja y demás, también influyó que yo llegaba de trabajar (de pasada, hago de dos horas a dos horas y media de camino, de ida y vuelta), así que llegaba a las 10 PM y a esa hora me ponía a hacer la comida, a lavar, a barrer, trapear, limpiar muebles… así que me puse horarios y dividí mis tareas:

LUNES: Regar las plantas, limpiar los muebles, doblar y guardar la ropa limpia

MARTES: Hacer de comer para dos días, bajar la basura, limpiar la estufa, lavar los baños

MIÉRCOLES: Lavar la ropa de los niños, barrer y trapear

JUEVES: LIBREEEEE

VIERNES: Planear el menú de la semana para ir al mercado y traer lo necesario, doblar y guardar la ropa. Lavar la ropa mía y de él

SÁBADO: Darle “una pasadita a todo”, lavar los baños, barrer, trapear, cambiar las camas, lavar la ropa de los niños, guardar la otra ropa

DOMINGO: Hacer de comer para dos días, recoger la ropa, alistar uniformes…

Y así cada semana…

A veces hacía unos ajustes y me levantaba a las 4:30 AM para hacer la comida. Me esforzaba porque todo estuviera impecable y hacer agradable el hogar. Él también tenía sus tareas, pero eran significativamente menores:

1) Lavar los trastes de la cena (y las mamilas cuando mis hijos usaban)

2) Bañar a los niños

3) Jugar con ellos

Y ya. Tan tan. En uno de esos días en los que yo estaba ajetreada haciendo la comida, se acerca mi hijo y me dice: “Mami, ¿jugamios a la pilota?” “Mi vida, estoy ocupada, dame un ratito y sí, ¿vale?” En eso sale el papá furibundo y me espeta: “Tú NUNCA juegas con los niños, te la pasas cocinando o haciendo el quehacer, en vez de que juegues con ellos”… ¡¡¡Me lleva la…!!! ¿Entonces quién más lo iba a hacer? En ese momento me quedé con el coraje, apagué la estufa, jugué con mi hijo y terminé de hacer la comida casi a la 1 de la mañana. Al día siguiente me levanté a las 4:30 para llegar a mi trabajo a las 7.

Así eran las cosas, pero hoy tenemos otra dinámica. Me relajé bastante en muuuuchos aspectos y ya no me flagelo por si están las cosas hechas o no, de cualquier manera no lo reconocen. Total que, ya en el presente, en esta semana justo mi casi exmarido se dispuso a lavar la ropa de los peques, mientras yo estaba descansando en el sillón. No puedo caminar muy bien todavía y sigo sin hacer esfuerzos, así que él se hace cargo de lo más pesado. En eso, estaba él muy entrado en el lavadero, cuando mi hijo se acerca y le dice: “Papi, ¿jugamos?” Tuve un flashback cuando él le dijo: “¡Ay, mi vida! Luego, ¡es que tengo mucho qué lavar!” Se me puso la oportunidad en bandeja de oro, pude haberle dicho lo mismo, pudo haber sido mi venganza, hacerle ver que no se pueden hacer dos cosas a la vez… pero no lo hice. Sólo le dije a mi hijo: “Ven, mi amor, papi está ocupado, en cuanto acabe juega contigo, ¿va?”

Al paso de estas semanas he visto que él se ha hecho cargo de los niños en cuanto a su baño y su ropa, pero no en su comida. Lava la ropa, pero no la guarda, me la baja y la deja en donde yo pueda doblarla y guardarla, mi señora madre me ayuda con las compras y la comida, él no limpia muebles ni barre ni trapea, me ayuda también mi mami. Anoche le dije: “Hay que bajar la basura”, me hizo su cara de “ya me canséeeee” y le dije: “Ni modo, y todavía te falta que riegues las plantas, que laves el bote de la basura, que guardes los trastes limpios, escombres el refri, guardes la ropa de los niños, limpies la mesa, acomodes los uniformes…” ¿Verdad que sí he hecho falta estas tres semanas? Las obligaciones de la casa, y sobre todo de los hijos, es compartida. Papitos, grábense esto: no están ayudando, están ejerciendo su paternidad con responsabilidad.  

Papá de cabeza

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