No es lo mismo tener hermana ¡que hermano!

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No es lo mismo tener hermana ¡que hermano!

Y de eso podemos dar cuenta mis hijos ¡y yo misma! Como ya les he contado, en casa hemos sido puras mujeres porque sólo tengo a mi hermana Alma y a mi señora madre. Total que cuando estaba embarazada de Gore yo estaba convencida de que sería niño, pero todas las apuestas marcaban lo contrario y así fue: mi hermosísima gorda llegó para continuar el matriarcado. Fue la reina indiscutible por poco menos de tres años hasta que supe que venía otro bebé. Francamente siempre creí que la “pareja” ideal en los hijos no es niño/niña, sino niña/niña y niño/niño porque (aparte de que ya sabes de qué va tener un hijo de tal o cual sexo) entre ellos tendrían más cosas en común y compartirían todo. Idea tonta que deseché poco después.

En mi segundo embarazo mi intuición no falló: un niño crecía dentro de mí y ahí entré en pánico. Empecé a pensar en las típicas cuestiones de cómo criar a un varón, de que si su carácter sería igual o distinto al de mi hija o a qué jugaríamos cuando estuviera más grande. Gore quería una hermanita “para vestirla como muñeca” pero cuando supo que sería niño se emocionó de igual manera porque era como el juguete nuevo y en casa pasaba lo mismo: no teníamos referencia de las cosas masculinas hasta que él llegó.  

Al pasar del tiempo noté ciertos rasgos en su relación de hermanos niña/niño. Para empezar el carácter de Dany es mucho más dulce que el de su hermana y es él quien la ha enseñado a ser compartida, el que la procura y la sigue a todos lados. Ella, por su parte, lo agarra de vuelta y media y se da el lujo de ser más ruda cuando juegan. No pueden jugar a las muñecas como Gore quisiera porque Dany sólo las pone a luchar o las trepa a sus carros para darles una vuelta, en cambio Gore es experta en manejar los carritos a control remoto de su hermano y ella es quien organiza las carreritas en monopatín para ella y triciclo para él.

Antes, Gore era mucho más delicada en sus juegos y aún lo es cuando lo hace sola, pero si ahora juega con Dany ya no monta todo el escenario de los muñequitos y trata de integrar a su hermano, aunque ambos terminen por mejor jugar futbol. En ese sentido, Gore se ha adaptado a más cosas masculinas que Dany a las femeninas. Por ejemplo, Gore es fan de Los Caballeros del Zodiaco y de Dragon Ball Z, Dany disfruta ambos y es su punto de unión, aunque sepa que después se tiene que aventar tres capítulos de My Little Pony o de Miraculous: Las aventuras de Ladybug.

No es igual tener hermano que hermana

 

No, no es igual…

Ver cómo comparten ciertas aficiones y que ambos tienen una visión tanto masculina y femenina de las cosas les servirá muchísimo en el futuro. Por ejemplo, con Dany, Gore juega al futbol, a la pelota, a las carreritas y se avientan sus “rounds” de luchitas, claro, sin lastimarse. Dany también luego anda cargando un bebé o está embelesado aplaudiendo cuando Gore es la supermodelo más famosa. Eso sí, si no se ponen de acuerdo en algo en particular cada uno se va a su rincón y empiezan a jugar en lo suyo. El punto de unión nuevamente son las caricaturas, nos aventamos Paw Patrol, She-Ra, Barbie, Cars… yo he revivido mi infancia con ellos y juego tanto a las muñecas, la comidita o a las hermanas con Gore, como a los carritos, las carreritas y un poco de futbol con Dany.

Eso me recuerda mis años mozos (¡muuuuuy mozos) de cuando jugaba con Alma, mi hermana. Siempre tuvimos nuestras muñecas y les poníamos la casita y todos los accesorios… para luego quitarlos a los cinco minutos e irnos a ver la tele. Tengo muy presente que, si bien jugábamos de todo, siempre optábamos por las “cosas de niñas” como era lógico. Desde ese entonces yo jugaba a la cocinita y a poner orden, casi no me gustaban las bicicletas (de hecho, aprendí a andar en una ya mayor, casi casi saliendo de la primaria), las pelotas no eran mi hit y los patines me daban miedo, prefería los juegos de mesa, los crucigramas o los cuentos para colorear.

Ahora veo a mis hijos y sé que ellos tienen ambos mundos. Con un hermano aprendes a pelear y a jugar futbol, con una hermana a cocinar y a pintarte las uñas. También las confidencias son distintas entre uno y otro, pero el amor y la confianza son exactamente las mismas. Aun cuando son pequeños, Gore le “tapa” a Dany alguna travesura y él le sigue la corriente. Realmente la diferencia sólo es en los juegos de la infancia porque sé que al paso del tiempo estarán incondicionalmente uno para el otro.

Lo sé porque con mi hermana aprendí que las peleas son momentáneas, que ella estará siempre ahí y que puede ser la primera en saber lo que me sucede. Gore con su hermano aprenderá que será el hombre que la defenderá de cualquier persona si lo necesita o al que puede preguntarle sobre un mal de amores porque sabrá qué es lo que pasa por la mente masculina (súper ventaja, jejeje). Gore a veces dice que quiere una hermanita, pero ahí está Ximena que, aunque es su prima, la ve a diario y juega mucho con ella… hasta que Xime le pega y ahí se la lleva agarrada del chongo. Pues nada, que el ser niña no garantizó que se llevaran bien, ¡al contrario!, Ximena no pierde la oportunidad de soltarle un golpe como “al descuido” y hace que Gore no quiera acercarse a ella. ¿Y Ximena cómo trata a Daniel? ¡Es su adoración y se la pasa besuqueándolo! En resumen, creo que, en mi caso, la “pareja” perfecta es una ecuación de tres: Gore+Dany+Xime=Puro amor…  

Hermana y hermano

 

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