“Mamita: él se divorció de ti, no de tus hijos”

“Mamita: él se divorció de ti, no de tus hijos” Foto: iStock

“Mamita: él se divorció de ti, no de tus hijos” Foto: iStock

“Mamita: él se divorció de ti, no de tus hijos”

Hace poco vi en Facebook un post en una página de abogados que decía precisamente eso: “Señora, no les llene la cabeza a sus hijos con veneno en contra de su padre o le prohíba a él verlos, recuerde que él se divorció de usted, no de ellos”. Con esa reflexión me puse a ver que tiene tooooda la razón y lo he visto desde varias trincheras. Para empezar, debo aclarar que cada quien cuenta cómo le fue en la feria, que así como hay papás muuuuuy responsables y que dan la vida por sus hijos, también hay quienes se desaparecen en el mismo instante en que ponen un pie fuera del domicilio conyugal.

Aquí hay varias aristas e influyen muchísimos factores, así pues, tenemos:

- Las mamás solteras que desde un inicio se hicieron cargo de pe a pa de sus críos y jamás pidieron un cacahuate para ellos (mi aplauso y admiración para ellas)

- Los matrimonios que terminaron por: (*Inserte aquí las 36535 razones por las que se divorcia uno)

- Los padres que, aun separados, hacen a un lado sus diferencias y entienden que son padres y lo serán toda la vida, que como pareja no funcionaron y ahí muere

- Los papás que desaparecieron más rápido que un merengue afuera de la escuela justo después de firmar el divorcio (ni hablar de que jamás aportarán nada para la manutención y crianza de los peques)

Sea cual sea la situación, una como mamá debe aprender algo: el rencor, el resentimiento y hasta el odio es de nosotras hacía él COMO PAREJA, como papá debe ser diferente. Como ya mencioné puede ser que sea un desobligado de lo peor, un gandul de primera o un recontrahijodesu… pero ¿qué creen? Que así nos enamoramos de ellos, decidimos formar una familia y tener preciosos bebés. Hay otro dicho que dice: “Uno no sabe con quién se casa hasta que llegamos al juzgado de lo familiar” y es totalmente cierto. Bueno, pues después de todo este choro mareador les quiero contar tres casos que me parecen ejemplo de lo que les digo.

Divorcio

CASO NÚMERO 1

Pues ahí tienen que es una mamá cuya pareja la dejó con dos niños pequeños, quienes se llevan entre ellos un año y meses a lo mucho. Es decir, que cuando el fulano en cuestión se fue ni siquiera habían dejado los pañales. Ahí comenzó la pelea más feroz, ellos no estaban casados, pero sí había registrado a los niños. Total que le decían a la madre que le pidiera lo justo para sus niños pero a través de un abogado, cosa a lo que ella se negó rotunda: “Yo puedo salir adelante sola”, dijo con la gallardía y el valor que se necesitaba en este caso (claro, con el apoyo de sus padres atrás). Hasta ahí vamos bien. El pequeño detalle ocurrió cuando al poco tiempo el cuate la buscó para llegar a un arreglo monetario: a él le interesaba ver a sus hijos, llevárselos a pasear y estar con ellos, obviamente aportando una cantidad para sus gastos. Ella se volvió a negar.

Un tiempo después él hizo un escandalazo por querer ver a sus hijos (con puerta de vidrio rota de por medio), le ofrecía darle X cantidad y ella se negaba y se negaba. Luego salió el peine: él ya vivía con otra mujer quien por Facebook atacaba a la madre y le decía gorda, fea, vieja (la chica era creo que 10 años más chica), Miss Peggy y una serie de ofensas en las que la madre se enganchó de la peor manera: usó todo eso para desprestigiar AL PADRE frente a los ojos de sus hijos. Les dijo que era un bueno para nada (que, haciendo honor a la verdad, es cierto, pero ¿por qué decírselos a sus hijos?), les metió en la cabeza que su papá los dejó por la otra, que ya no los quería y que casi casi ellos debían odiarlo igual que ella lo hacía. ¿Qué consiguió? Lo obvio: el hombre se cansó, no los buscó de nuevo ante la fiereza de ella de no dejarle ver a sus hijos y los niños crecieron sin querer ver a su papá nunca más. Hoy, después de muuuchos años ELLA LO QUIERE DEMANDAR para que le ayude con los gastos de los hijos porque sencillamente ya le llegó el agua al cuello.

Conclusión del caso: ¿Por qué ahora buscas que el padre de tus hijos te ayude monetariamente cuando tú misma hiciste hasta lo imposible porque ni siquiera se acercara a sus vidas? El padre es un perfecto desconocido para los chicos ¿y ahora sí quieres dinero? ¡Ah!, pero eso sí: “que no se les acerque a mis hijos, no quiero que convivan con él”. ¿Así o más ilógico el asunto? Sobra decir que los niños, en efecto, no pueden ver ni en pintura a su padre: ¿fue por elección propia? No, en absoluto.

CASO NÚMERO 2

Una pareja aparentemente feliz se divorcia después de un par de años de casados. Hay un hijo de por medio y, en el acuerdo de divorcio, se estipula que el pequeño viva con la madre y pase los fines de semana con el padre. Algo justo. El niño crece y ya está en edad escolar, ambos padres han rehecho su vida y son (aparentemente) felices y bien llevados. El caso es que cada que el niño regresa de casa del padre (en donde hay evidencia de que es FELIZ, LO TRATAN BIEN y convive con la familia paterna) hay algo, un minúsculo detallito que hace que la madre despotrique en contra de él.

Primero que porque llegó CINCO MINUTOS tarde por él, luego que porque llegó a dejarlo CINCO MINUTOS después, a la siguiente es porque llegó medio desfajado a casa, a la próxima porque el padre lo mandó sin suéter a la escuela y las otras porque lo peinó con la raya para el otro lado. Quizá no es exactamente lo que sucede, pero el punto es que cada cosa, por mínima que fuera, la madre lo exponía como el peor de los pecados. Hoy en día todo, todo, tooooodo queda en el ciberespacio y algún día ese niño verá la forma en que tan ferozmente su madre critica a su padre. Lo que me lleva a preguntar: si eso hace en una red social, ¿qué no le dirá al niño?

Ahora bien, yo sólo veo resentimiento, dolor y coraje de ella como mujer: es lógico sentirte así cuando apostaste todo por una relación y no funcionó, con todo lo que ello implica. Pero a ver, ubícate: tú ya rehiciste tu vida, él también, ¿por qué insistir en dejarlo en evidencia? Sencillo: no importa lo que él haga, así sea bueno o malo, para ti siempre estará mal por el hecho de que estás todavía resentida con él. El niño no tiene porqué ser el blanco de tus ataques a su padre porque le puso un calcetín de otro color. ¿No presumes de que eres feliz en tu nueva vida? Haciendo esto, estoy convencida de que vives más pendiente del padre de lo que dices. Como me dijo mi sabia madre: “los niños sólo ven que son papá y mamá, para ellos ustedes son sus ídolos”. Así pues, no deberíamos criticarlos (ni ellos a nosotras, por supuesto).

Conclusión del caso: Canalizar el resentimiento, el coraje y tu propia frustración porque ves que el otro pudo ser feliz sin ti, JAMÁS debe ser canalizado a través de los niños. Nunca. Si todos pusiéramos de nuestra parte, esto se evitaría. En este caso en particular veo que él nunca será suficientemente buen padre a los ojos de ella, aunque el padre se desviva por su hijo, ¿qué eso no te basta? Ah, y por cierto: del padre jamás he visto un solo comentario negativo hacia la madre de su hijo, al menos no en público. Creo que él sí la pudo superar desde hace mucho.

CASO NÚMERO 3

Después de 7 años juntos la pareja decide separarse, el padre se va de la casa. Por un tiempo los niños pasan una semana con la madre y otra con el padre, al cabo de unos meses es evidente el desequilibrio emocional que tienen los pequeños y, por su bien, se decide que se queden con la madre, pero todos los días el padre pasa por los niños a casa de su abuela y los lleva a la casa de la madre. Ahí los baña, los atiende, juega con ellos y espera a que la madre regrese de trabajar. Una vez que ella llega, él se va a su casa. Así todos los días también por unos meses. Al poco, la presencia del padre se limita a los fines de semana: las tardes de viernes, sábado y domingo, pero, si se ocupa, él va por ellos y los lleva a la escuela por las mañanas y a su casa por las tardes.

Aunque la responsabilidad mayor (ropa, tareas, comida, traslados) recae principalmente en la madre, el padre siempre ha tenido acceso a ellos sin acuerdo de por medio. La madre, nunca, nunca le ha prohibido verlos: si él quiere llegar a las 5 de la tarde o a las 2 de la mañana a verlos, sabe que puede hacerlo. El padre siempre les habla bien de su mamá y ella de su papá: en su presencia jamás les ha dicho nada negativo de su padre. Él sigue conviviendo en el ambiente familiar, la diferencia es que no viven en la misma casa y sentimentalmente están ya desconectados. Han tenido desacuerdos y peleas normales sobre la crianza de los pequeños, pero tratan de no hacerlo frente a ellos.

Ambos padres no son perfectos y están lejos de serlo. Pero han comprendido algo: aunque a veces tienen encontronazos típicos por la diferencia de carácter, saben que quieren lo mejor para los niños. ¿Qué han logrado con esto? Que los niños estén felices, que vean a su papá con más frecuencia que la que se da en estos casos. Lógicamente también tiene mucho que ver el hecho de que el padre adora a sus hijos y por ellos hace todo. A ambos los han criticado por llevarse bien, por tratarse con cordialidad y porque no pueden creer que, aun separados, se sigan apoyando. ¿Por qué hablo con tanta seguridad de este caso? Porque es el mío.

Conclusión del caso: Siempre dije que él como papá es un punto y aparte que como pareja. ¿Quién soy yo para prohibirle ver a sus hijos? ¿Con qué derecho le quito eso? Monetariamente nunca nos ha faltado nada, él es un hombre responsable con sus hijos y así lo ha demostrado, pero, si no me diera ni un quinto, tampoco le diría que no puede verlos: mis hijos me reclamarán después a mí que yo les quité ver a su padre y es lo que menos quiero. Mi casi exmarido recién me mostró la calidad humana de la que está hecho: me acaban de operar (por eso la ausencia de dos semanas) y él estuvo al pie del cañón desde que ingresé al hospital hasta que salí. Al estar todavía legalmente casados, él es responsable de mí y como tal lo asumió.

Durante este tiempo sus hijos y yo “lo adoptamos” de nuevo en casa para que él se hiciera cargo de ellos: los baña, les da de comer, lava su ropa (de pasada me ayudó con la mía), los lleva a la escuela y los trae de regreso mientras yo convalezco entre la casa de mi señora madre y la mía. A mí me ha atendido, curó mi herida para evitar que se infectara y me trata como lo que soy: la madre de sus hijos. Hemos tenido desacuerdos y peleas fuertes, y aun así él ha estado cada que lo necesito. Comprendí que nuestro matrimonio no funcionó, que él puede andar con alguien más en cualquier momento (igual yo), pero nuestras vidas siempre estarán unidas por un lazo muy fuerte: nuestros hijos. ¿Para qué vivir con rencor? Eso sólo nos desgasta y nos hace personas infelices. El mejor ejemplo que les puedo dar a mis hijos es el amor: si yo le demuestro respeto y cariño a su padre, ellos están tomando lo mejor de mí, ¿no lo creen?

Papá e hija

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