La triste realidad de las vacaciones de los niños de las mamás que trabajan

La triste realidad de las vacaciones de los niños de las mamás que trabajan

La triste realidad de las vacaciones de los niños de las mamás que trabajan

La triste realidad de las vacaciones de los niños de las mamás que trabajan

Muy largo el título, ¿no? Pero es la verdad. En mis años mozos, mi padre trabajaba y mi madre era ama de casa, pero mi papá era dueño de su propio negocio, así que no dependía de las vacaciones Godínez. Me acuerdo que las vacaciones de Semana Santa y Pascua en mi niñez eran súper padres: nos íbamos esas dos semanas a Veracruz o a Guanajuato con toda la bola de primos y nos la pasábamos bomba. Hoy las cosas han cambiado drásticamente. En el caso de mis hijos, su rutina no cambia para nada y siguen en la guardería tal como están habituados. Lo cual es horrible. Les cuento.

Sólo la Semana Santa no hay servicio de guardería, así que hay que acomodar horarios y que la abuela se quede con ellos del lunes al miércoles. Para la de Pascua ya pueden ir, pero en horario restringido: de 9:00 a 2:00 PM (cuando en otros días me los reciben de 9:00 a 5-6:00 PM). El jueves pasado mi Gore quería venir conmigo a la oficina, pero tuve un buen de cosas que hacer y no le iba a poner atención, no pude acomodar unos pendientes y decidí que se quedara también en la guardería. Vi sus grandes ojitos cuasi verdes con un aire de tristeza. Dany me dijo: “¿Ota vez a la escuelia?”… ya es del diario que estén ahí, pero es la realidad de los niños de las mamás que trabajan.

Trato de que los viernes por la tarde (cuando se acaba mi home office) nos vayamos al cine o a algún centro de entretenimiento familiar en el que puedan jugar a gusto y divertirse. De ley los viernes y sábados se pueden dormir a la hora que quieran y vemos pelis o series en Netflix (ya alucino Paw Patrol y She-Ra, pero los vemos de todas formas, repitiendo diálogos y toda la cosa). Estas vacaciones no salimos a ningún lado y su padre tuvo que trabajar. Sólo el jueves de la Semana Santa se los llevó a La Feria de Chapultepec: regresaron todos rojos del sol, con las rodillas mugrosas y pidiendo a gritos su camita. Ha sido la única salida hasta ahora. Sin embargo, su papá ya les prometió un fin de semana en alguna playa.

Por un lado, creo que está bien porque así ya no se encuentran con el clásico tumulto de miles de vacacionistas en la playa y disfrutan más. Lo malo es que no saben qué fin de semana puede ser: como pueden pasar tres semanas o tres meses. Ese es el problema cuando se es hijo de una mamá Godín y de un papá que es comerciante y trabaja de lunes a domingo. La realidad de mis niños es esa y sólo a Gore le tocó cuando tenía un año y medio que nos fuéramos toda la Semana Santa a Puerto Escondido, pero estaba tan peque que no lo disfrutó como lo haría ahora.

La rutina de siempre

Sí, así le hicimos: entre semana se durmieron temprano, iban a la guardería, regresaban con la abuela, llegaba yo de trabajar y a la casa. Me siento un poco culpable por no haberlos llevado a algún lugar fuera, pero ya lo compensaré después. Tenía planeado llevarlos al cine (¡no hemos podido ver Dumbo!) e irnos a comer por ahí, pero el viernes tuve mucho trabajo y ya no alcanzábamos la función de las 6 PM. El sábado fuimos a una fiesta infantil con una de mis primas y se la pasaron de maravilla: hartos dulces, brincos y pegarle a la piñata. Terminaron exhaustos. El domingo los iba a llevar temprano a algún parque, pero llegó su papá y se los llevó a comer y a dar la vuelta por ahí. Lo que me quedó de consuelo es que el lunes Gore tuvo su convivio del Día del Niño (con juegos mecánicos incluidos) y harta comida, el martes hubo un show de payasos (y más dulces también), ayer nos fuimos con mi hermana y mi sobrina de patas de perro a comer hamburguesas y aproveché para comprar el disfraz de Dany para su próximo cumpleaños, así que hoy y mañana, serán casi de trámite.

Es muy feo eso de quedarse en casa por falta de tiempo o de dinero. También hay que decir que los tiempos han cambiado mucho y lo que antes un viaje se podía hacer con un presupuesto decente, hoy sobrepasa con creces eso. Es obvio que yo de pequeña no sabía si mis padres se gastaban una lanota o no, pero nunca íbamos apretados de dinero, ni nada por el estilo. Pero la vez que mi ex se llevó a mis hijos a Acapulco, supe por él mismo que se había gastado su buena lanita en sólo tres días, comprando a diestra y siniestra hasta que regresaron con los 98 pesos exactos para la última caseta de Tlalpan. ¡Si ya nomás para ir a Chapultepec se gasta uno mil pesos!

Por mi parte, todavía tengo 5 días de vacaciones que pude haber pedido para la semana de Pascua, pero no lo hice porque (aparte de la carga de trabajo), me quedo sin días hasta octubre y no hubiera podido faltar el día de los cumpleaños de mis hijos, fechas en las que de plano no trabajo y me los llevo a celebrar como ellos quieran. Espero que en diciembre o el próximo año en febrero salgamos de viaje, mientras deseo que al menos mis hijos recuerden un poco los días que organizo nuestras pijamadas, andar de fodongos o no estar en casa todo el día. Pero no todo está perdido: todavía tenemos los siguientes dos fines de semana (pretextote del cumple de Dany + el Día de las Madres), así que no es mala idea si aplicamos el Acapulquito-en-el-patio-de-la-abuela…

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