Enojarte te hace engordar, ¡confirmado!

 Enojarte te hace engordar, ¡confirmado!

Enojarte te hace engordar, ¡confirmado!

Enojarte te hace engordar, ¡confirmado!

¿Eres de las que se enciende en cólera rápido?  Pues será mejor que le bajes dos rayitas al estrés porque enojarte, no solo hace daño para la salud (acelera tu ritmo cardiaca y provoca envejecimiento prematuro), también provoca que subas de peso.

De acuerdo con el nutriólogo Juan Manuel Romero Villa, autor del libro “El que se enoja engorda”, hay una estrecha relación con la ira y el sobrepeso.

Según el especialista, la razón por la que muchas personas no bajan de peso aunque hagan miles de dietas es porque se la viven de mal humor. “El responsable de que las dietas y los ejercicios no hagan efecto cuando deseas perder algunos kilos podría ser tu carácter y los cambios de humor”, explica el experto.

Enojada

¿Qué sucede?

Según el autor, cuando estamos enojados se generan dos sustancias, adrenalina y cortisol, las cuales producen inflamación e impiden que las células liberen energía. Cuando la energía se acumula en el organismo se transforma en grasa y aumentamos de peso.

Juan Manuel Romero Villa es un reconocido nutriólogo poblano, director de Clínicas Nutsa, con más de 15 años de experiencia: En su libro explica:

“Cuando padeces sobrepeso y obesidad estás enojado, el enojo es reflejo de la insatisfacción que se manifiesta negativamente en tu cuerpo. Reconocerlo no es fácil, no se trata de cambiar, sino de aceptarse como eres, perdonarte por cada hecho que te ha dañado, dejar de ser carreta de desgracias ajenas y de elegir lo que es mejor para ti"

La que se enoja engorda

Más estudios lo confirman

No es la primera vez que se asocia el estrés y el enojo con la obesidad.  Un estudio de la Universidad de Yale, realizado en mujeres, también confirmó esta relación al detectar que el cortisol incrementa los niveles de azúcar en la sangre, lo que provoca que aumentes de peso.

Por si esto fuera poco, cuando nos enojamos tendemos a comer de más, la ansiedad no permite que la mente procese lo que estás comiendo y eso hace que quieras seguir “picando” aunque no tengas hambre.

 “Desde pequeños aprendemos que la comida es un premio, un antidepresivo”, explica Romero Villa en su libro.

Una razón más respirar profundamente antes de estallar en cólera. 

Enojarse engorda

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