Cómo logré tener un orgasmo cuando NUNCA lo había sentido

Sentí un orgasmo después de años

Sentí un orgasmo después de años

Cómo logré tener un orgasmo cuando NUNCA lo había sentido

Cuando tuve mis primeras parejas sexuales, recuerdo que jamás tuve un orgasmo.  Yo, como el meme: “Si, estuvo muy rico y todo, pero…”. Sabía que ellos llegaban al clímax, pero yo nunca, nunca…

 

Pensaba que algo malo había en mí y que definitivamente tenía que vivir con eso. Probé masturbarme, probé viendo porno, probé la infidelidad (que le dicen), pero nada.

 

¿Buscar ayuda médica? Pero si no estaba enferma, ¿o lo estaba, pero no lo sabía?, en verdad, era algo que me angustiaba, más porque se supone que ser joven es sinónimo de ser una máquina sexual, pero, a mí ni se me antojaba.

 

Lo peor es que me sentía forzada a sentir. A sentir lo que decían todas mis amigas. Que “una explosión dentro de ti, que cosquillitas, que calambritos en todo el cuerpo” y para mí todo eso sonaba tan lejano que prefería evadir el tema.

 

Mi pareja de ese momento ya había notado que lo único que yo hacía era esperar mientras él eyaculaba y yo, pues bien, gracias.

 

Físicamente era agotador, cada viernes tenía que mentalizarme. Esta vez era la buena, hoy sí lo lograría, pero nunca pasó. Después de meses de tantos intentos como frustraciones, decidí terminar la relación y comencé una nueva en menos de dos meses. Nada más porque me dio la gana.

 

La primera vez con mi nuevo “algo” tenía mucho miedo. Él se daría cuenta de mi “problema”. Me comenzaría a tocar y lo más seguro es que mi cuerpo no respondería. Entonces pensé, pues bueno, ya estoy aquí. Me relajé y dejé que pasara de todo, cosa que no me costó mucho trabajo porque yo estaba más que puesta.

 

Entonces mientras yo estaba aferrada a las sábanas de la cama, sentí que las piernas se me entumían y unas ganas enormes de que él parara, pero tampoco quería que lo hiciera. Mi cerebro y cuerpo estaban haciendo un corto circuito que no me dejaba ni moverme ni pensar.

 

Sinceramente en el momento tampoco fue como que pensara “Oh, por dios, estoy teniendo un orgasmo”. PARA NADA, simplemente me quedé ahí y me moví para que la sensación fuera más intensa. Después… ya no me acuerdo que pasó. Pero quedé en shock. Impactada, pero con ganas de volverlo a sentir y de ahí ya no pude parar. ¡Se rompió el hechizo!

 

Si ahora me preguntaran cuál es el secreto para llegar al orgasmo no podría entenderlo ni saberlo, lo único que te puedo recomendar es que te deshagas de lo que no te hace feliz y que nunca de los nuncas veas el orgasmo como una obligación.

Cortesía Huffington Post

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