“Amo a mi sobrina, ¡pero es muuuuy latosa!”

“Amo a mi sobrina, ¡pero es muuuuy latosa!” Foto: iStock

“Amo a mi sobrina, ¡pero es muuuuy latosa!” Foto: iStock

“Amo a mi sobrina, ¡pero es muuuuy latosa!”

Hay niños latosos y mi sobrina. No había conocido niña más guerrosa que ella y eso que la amo con todo mi ser. Les cuento. El sábado pasado me la dejó encargada mi hermana y yo feliz de poder estar con mi niña. Había llevado a mis hijos a desayunar y ahí nos encontramos. Me llevé a los tres chiquillos en el carro, llegamos a casa y desde ahí comenzó el show. Dany se quedó dormido y si lo despierto ¡arde Troya!, así que me las tuve que ingeniar para bajarlos.

Gore me ayudó con la mochila, la bolsa de la comida que sobró y a cuidar a Ximena mientras yo bajaba y armaba la carriola. Puse ahí a Xime, le colgamos las bolsas y yo cargué a Daniel. Ánimas que tenemos elevador, si no, no sé cómo le hubiera hecho. Gore se llevó empujando la carriola y ahí vamos con un buen de cosas a cuestas, llegamos al departamento, acomodé a Dany en su cuna y corrí a ver a mi bebé.

Su mamá me dejó la comida para darle, se la calenté y ahí estuve con mi sobrina hasta que se acabó todo más su fruta. Gore se entretuvo con la tele y Dany durmió su habitual siesta de casi dos horas. Hasta ahí todo bien, pero luego comenzó la guerra de Xime por bajarse a “caminar”, está en esa etapa en la que ni camina bien, ni se está en paz sentadita. Admito que me desesperé de andar tras ella con la espalda encorvada y cuidando que no se metiera en la boca lo que encontrara en el piso. No lo conseguí. En menos de dos segundos ya traía un frijol que se encontró tirado (con lo que quedó en entredicho mi buena habilidad para barrer). Alcancé a verla, se lo quité y ya todo bien.

Ahí vamos a mi recámara, vio a las tortugas y las quería agarrar, manoteó el tortuguero y casi las voltea. Fuimos a ver a Dany y comenzó a gritar para que despertara, la calmé y luego agarró dos juguetes que hacen mucho ruido, le valió que el otro estuviera plácidamente dormido. La saqué de ahí y otra vez a la sala. Gore seguía sin inmutarse. Siento a Xime en el sillón y comienza la guerra por bajarse de nuevo. Trato de entretenerla y la meto de nuevo a la carriola. Mi intención era tenerla ahí quietecita mientras yo lavaba los trastes. Eso hacía yo con mis hijos y se quedaban ahí. Cuando Dany estaba chiquito lo dejaba en la periquera mientras yo tallaba la ropa. Pero Ximena se levanta y en un par de ocasiones le ha dado un sustote a mi hermana porque ha estado a punto de caerse. Así que mi táctica no funcionó. En dos segundos ya tenía una pierna arriba y se había podido bajar al piso.

Simplemente esta niña no para y eso es desesperante. Hay que mencionar que estoy acostumbrada a mis hijos pero, en serio, que desde bebé Ximena ha sido muy demandante. “Leí que tiene las características de una babé de alta demanda, así se les llama”, me cuenta mi hermana. “Nada qué, en mis tiempos eran chamacos latosos y ya”, sentenció mi madre. Y sí, la verdad que los tres son exigentes, demandantes, guerrosos e inquietos, pero Xime se cuece aparte.

Bebé travieso

 

La vida con tres ¿hijos?

Desde que nació, Ximena ha sido muy latosa, le gusta mucho que la anden cargando y la mimen, contrario a Gore ella sí disfruta los besos y los exige, en eso se parece a Daniel. Mi hijo es muy latoso y no obedece cuando le decimos que no agarre agua o que deje de molestar a su hermana. Es muy inquieto, pero Xime es de las que quieren que estén con ella siempre: no le gusta estar solita y se entretiene en el corral sólo si alguien está ahí en estado de contemplación.

Yo la adoro, la amo mucho y me encanta cuidarla, pero es dedicarme 100% a ella. Justo ese sábado tenía un poco de trastes sucios, medio recogida la sala y no me dejaba que la pusiera en la carriola. En eso despertó Daniel y empezó otra guerra: “No quiero qui la cargueeeeessssss”, me dijo en tono molesto, así que ahí estoy cargando a los dos. Xime le suelta un golpe en la cara, Dany llora y Gore ni nos pela viendo la tele. Le digo a Xime que no pegue y parece que le doy cuerda: vuelva a golpear a Daniel y estalla en risas. Dany le dice: “Befameeeee, no mi pegues” y se pone a llorar. Comienza el caos, Gore los manda callar y el otro llora más fuerte. Dejo a Xime en mis piernas y empiezo a sentir algo caliente que corre en mi muslo: ¡es pipí!

Voy a cambiarla y el desastre se hace más grande: ropa aquí, el pañal por allá, Daniel que quiere que lo cargue, Gore que quiere agua y Ximena que se quiere bajar a caminar de nuevo. Así pasé escasas cuatro horas, pero con esas tuve. Cuando llegó mi hermana yo tenía a su hija muy amarrada en la carriola, ya había preparado la cena de mis hijos y hasta ese momento tuve algo de paz. Ya que se fueron reflexioné un poco: no, no podría tener yo tres hijos. Admiro a las mamás de antes que aventaban hasta 10 chamacos, ¡yo con dos no puedo! Y eso que mis hijos ya son prácticamente más independientes.

Le contaba esto a mi madre y ella, en su infinita sabiduría, me dijo: “Lo que pasa es que no estás acostumbrada a Ximena, a sus rutinas y sus hábitos. Obvio que si fuera tu hija te vas adaptando con los tres, por eso ahora se te hace pesado. Fíjate: sólo la cuidaste UN DÍA por unas horas, imagínate yo que la cuido DIARIO y en la tarde llegan tus hijos. Estoy con ellos tres horas, pero TODA LA SEMANA. No te quejes”. Cierto: mi mami se la rifa. Aunque una cosa sí les aseguro: amo, amo, aaaamooooo cuidar a mi sobrina y ella me quiere mucho. Después de todo creo que no la trato tan mal…

 

Caos en la casa

 

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