"Señoritas Quedadas" ¿Dónde?

Habemos mujeres que nos encanta ser solteras

Habemos mujeres que nos encanta ser solteras

"Señoritas Quedadas" ¿Dónde?

Si hay un eterno tema que siempre se toca en mi grupo de amigas es el de la soltería por elección -y ni tanto- y como lo han tenido que sobrellevar algunas de ellas. Digo sobre llevar porque en México cada vez es más común ver mujeres exitosas y  solteras pero criticadas por lo mismo. 

Vaya, que, bueno no está bien visto todavía que sigan siendo "señoritas quedadas"; por eso me pareció divertido compartirles una carta que encontré en The Huffington Post México que habla sobre las "mexicanas quedadas". Lean y cuéntenme su opinión: 

 

"Hoy Facebook me lo recordó... y sentí una llaga en el corazón. OK, exageré. Pero sí me dolió cuando todas mis amigas de la infancia se fueron de shopping a San Diego hace tres años ¡y ni siquiera me invitaron! Estoy hablando de amigas que conocí en secundaria, ¡toda una vida! Y no fui requerida al viaje, ¡¿por qué?! Tengo varias teorías.

 

La principal es que, desde hace unos años, no estamos en la misma etapa. Y aquí mi trauma: todas, t-o-d-a-s, están casadas con hijos (uno, dos, tres y hasta cuatro). Claro que mi ego quiere que aclare que yo también lo estaría si no se me hubiera ocurrido regresarle el anillo a Daniel, un ex novio al que quise mucho; pero para mí, a los 28 era todavía muy joven para el matrimonio. "Yo me quiero casar a los 30", decía. Y pues nada, heme aquí a los 35 todavía con el dedo anular sin roca gigante que presumir.

 

No siempre aceptar la soltería me ha sido fácil. Hubo una época que de verdad la sufrí. Recuerdo todavía la frase que a mis 30 me dijo una amiga: "eres la típica chilanga quedada". Obvio nos dejamos de hablar cinco años, pero ya hicimos las pases (en enero pasado).

 

No siempre aceptar la soltería me ha sido fácil. Hubo una época que de verdad la sufrí

 

Luego otra de mis mejores amigas me reclamó por haber ido sola a su boda: "Me echaste a perder el seating chart (una manera muy nice para referirse al acomodo de lugares)", me dijo meses después. Yo muy calladita me paré de la mesa, me puse a llorar y le hablé a mi papá, quien me recomendó que a la próxima me adelantara y preguntara desde el principio si habría "una mesa para quedadas". Casi me muero, pero sí la apliqué... y me fue muy bien porque en la siguiente boda me tocó en la mesa de los guapos (yo creo que la novia se compadeció de mi autoetiqueta lastimosa).

 

Tengo más ejemplos como estos, pero no quiero que se sientan mal por mí. Aunque sé lo que están pensando: con esas amigas, ¿para qué quiere enemigas? Yo lo pensé un tiempo, pero en el fondo son buenas personas y todas hemos madurado (afortunadamente, porque si no sí habría un problema).

 

Pero más allá sobre quién dijo qué, la pregunta es: ¿soy la típica chilanga quedada? Porque, si les soy sincera, había días en que me la creía y pensaba que esa frase estaría grabada en mi lápida (OMG!), pero otras veces me decía: "obvio no, Bianca, ¡ya llegará! Tú, paciencia. Acuérdate: más vale sola que mal acompañada". Y bien o mal, nunca me habían faltado galanes y ahorita llevo siete meses con mi novio, que la verdad sí me tiene enferma de amor (estoy muy contenta con el reencuentro de Jeans, ¿se nota?).

 

La cuestión es que hace poco platicaba yo con Pamela Jean, la experta en lenguaje persuasivo, y tuve una especie de epifanía porque finalmente comprendí que realmente todo tiene que ver con cómo percibimos las cosas, incluso la soltería. En pocas palabras lo que me dijo fue: "¿te sientes la blusa más feita del outlet que tiene huellas de maquillaje y desodorante porque mucha gente se la ha probado y nadie la ha querido? ¿O por el contrario te sientes la blusa más cool de la boutique más exclusiva que muchos han deseado, pero nadie ha podido pagar?" Mmmmhhhh, interesting!

 

 

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A todas las solteras del mundo les digo: dejemos de idealizar el matrimonio, porque es real: más vale solas que mal acompañadas. Por otro lado, pensemos que la persona imperfectamente perfecta para nosotros anda por ahí, y que también es real que llegará cuando menos lo esperemos. Si el amor es para compartir con otros nuestra felicidad (y de paso una que otra preocupación), ¿es que acaso no podemos hacerlo con nadie más que no sea nuestra pareja? I don't think so! Tenemos amigas, familia... y si están muy ocupados siempre podemos conseguirnos un psicólogo o life coach.

 

Lo peor que puede pasar es que, efectivamente, nunca haya boda, y tampoco es la muerte

 

La cosa es no centrarnos en nuestra carencia, en lo que justo no tenemos, en "eso" que nos falta; autocompadecernos, tirarnos al drama de la soledad y pensar que no nacimos para amar, como cantaba mi querido Juanga. ¡Todo lo contrario! Hay que valorar y agradecer lo que sí tenemos, y prepararnos cada día para ser mejores personas, mejores mujeres.

 

Lo peor que puede pasar es que, efectivamente, nunca haya boda, y tampoco es la muerte. Coco Chanel, Helen Keller, ¡la Madre Teresa!, y varias más nunca se casaron y trascendieron en la historia. Así que qué nos hace pensar que solo casadas y con hijos podemos ser importantes y dejar huella en este mundo.

 

¡No, señoritas! La clave es compartir, dar a los demás sin estarnos fijarnos si nos conviene o no. Amemos sin control, como si no hubiera mañana, a todos —amigos, extraños y enemigos por igual—, ¿y saben qué? El amor encontrará su camino hacia nosotros. Porque "lo que das, se te regresa". Dios, la Luz, el Universo o como le llamemos, es sabio; démosle su lugar y dejémoslo trabajar. Mientras, ¡a disfrutar y gozar que la casa pierde!

 

CORRECCIÓN: En una versión anterior de este artículo se señalaba incorrectamente que Amy Winehouse nunca estuvo casada. La realidad es que sí contrajo matrimonio con Blake Fielder-Civil.

Vía. Hu ffington Post México.

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